Ford responde públicamente al secretario de Transporte de Estados Unidos; la industria automotriz estadounidense “lucha por mantener los autos eléctricos”
El secretario de Transporte de Estados Unidos presionó para cortar la cooperación con empresas chinas como CATL. Ford criticó al secretario Pete Buttigieg por "excederse en sus funciones" y por "errores de hecho", citando además declaraciones positivas de la Casa Blanca y el Departamento de Comercio hacia Ford como prueba de que Buttigieg no representa la postura oficial del gobierno. La contradicción central radica en que la transición de las automotrices estadounidenses hacia los vehículos eléctricos depende en gran medida de la tecnología de baterías china; si se corta la cooperación, solo quedará replegarse al menguante mercado de autos a combustión, lo que pone en jaque los objetivos políticos de relocalización de la industria y modernización hacia la electrificación.
La compañía estadounidense Ford Motor Company publicó el día 9 un comunicado público con un tono contundente, respondiendo directamente a las acusaciones abiertas del secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, sobre su cooperación con empresas chinas, calificando las críticas del funcionario como “una maniobra equivocada y oportunista en busca de atención”.
El detonante del incidente fue una carta abierta enviada el día 8 por Duffy al director ejecutivo de Ford, Jim Farley. Según un reporte de Global Times, en la misiva, Duffy pide públicamente a Jim Farley cortar los lazos con empresas chinas; varios medios internacionales como Reuters sintetizaron este accionar como una exigencia para que Ford “rompa su cooperación con empresas chinas”, y la respuesta del día 9 por parte de Ford fue descrita por The Wall Street Journal como de “extraordinaria contundencia”.
El 9 de septiembre, según informaron medios periodísticos, Duffy calificó en la carta de “inaceptables” el acuerdo de licencia tecnológica de baterías entre Ford y CATL (Contemporary Amperex Technology) de China, así como la cooperación con Geely Group en España, y puso en duda el patriotismo de Ford al afirmar que “no han demostrado el nivel de socio confiable que exigen el público estadounidense y el Departamento de Transporte”.
La respuesta de Ford fue igualmente implacable. Informes indican que Mark Truby, jefe de comunicaciones de Ford, señaló que tras la publicación de la carta, funcionarios de Ford invirtieron considerable tiempo dialogando con miembros del gobierno de Trump, llegando finalmente a la conclusión de que: la carta de Duffy no representa la postura política general del gobierno hacia Ford y que “él se extralimitó totalmente”. En su declaración pública, Ford también señaló errores de hecho y declaraciones engañosas en la carta de Duffy, citando además un comunicado oficial de la Casa Blanca de la semana pasada que elogiaba el Proyecto Marshall de Ford, y declaraciones de la secretaria de Comercio Gina Raimondo apoyando la decisión de volver a fabricar modelos Lincoln en EE.UU., refutando así las críticas de Duffy.
Las acusaciones de Duffy: presión política disfrazada de seguridad nacional
Duffy elevó la cooperación de Ford con empresas chinas a un tema de seguridad nacional en su carta abierta, alegando que dicha cooperación “afecta la integridad de la industria automotriz nacional, implica riesgos en la cadena de suministros y genera dependencia tecnológica de adversarios extranjeros”. Exigió asimismo a Ford priorizar “la resiliencia a largo plazo del ecosistema automotriz estadounidense y la soberanía tecnológica” por sobre “acuerdos a corto plazo o alianzas dudosas con el extranjero”.
Global Times informó que Zhou Mi, investigador del Instituto de Investigación del Ministerio de Comercio de China, comentó el día 9 que el hecho de que el secretario de Transporte haya enviado una carta abierta a Ford tiene fuertes tintes políticos; si de verdad existieran riesgos sustanciales de seguridad, la parte estadounidense no tendría necesidad de usar una carta pública para ejercer presión. Zhou considera que las acusaciones de Duffy carecen de fundamento y son difamatorias, lo que dañaría la reputación y operaciones comerciales de la empresa involucrada, siendo ésta una de las principales razones de la dura respuesta de Ford.
El portavoz de la Embajada de China en Estados Unidos, al ser consultado el día 9 sobre esta cuestión, respondió a los medios que China insta a Estados Unidos a dejar de politizar asuntos económicos y comerciales, y sostuvo que culpar a factores externos por los problemas internos de la economía estadounidense no ayuda a resolver sus dificultades, y que las sanciones unilaterales contradicen gravemente los principios de la economía de mercado.
Debilidad en electrificación: ¿Por qué Ford no puede prescindir de la tecnología china?
El núcleo de la cooperación entre Ford y empresas chinas es la inevitable dependencia tecnológica de Ford en el campo de la electrificación. Según los medios, la cooperación criticada por Duffy entre Ford y CATL involucra la licencia de tecnología de baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) de CATL para una planta en Marshall, Michigan, limitada únicamente a la tecnología de LFP de tercera generación. China ha prohibido expresamente que CATL y otras empresas exporten equipos de producción de cuarta generación de LFP.
Global Times informó que Zhang Xiang, profesor visitante de la Universidad de Tecnología del Río Amarillo, afirmó el día 9 que el sector de nuevas energías es el talón de Aquiles de Ford; Ford anteriormente trabajó con fabricantes de baterías de Corea del Sur y Japón, pero sus productos no igualan el desempeño de las soluciones chinas. Desarrollar de forma autónoma toda la tecnología de nuevas energías llevaría mucho tiempo, implicaría altísimos riesgos y el resultado sería incierto.
Medios citan el análisis de Sam Adham, jefe de baterías de la consultora CRU, quien señala que Ford y los fabricantes coreanos ya producen baterías LFP en territorio estadounidense y en Corea del Sur, pero la oferta probablemente será insuficiente para cubrir la demanda del mercado estadounidense y que muchos consumidores estadounidenses siguen prefiriendo las baterías chinas, percibidas como de mayor calidad.
“Por cada comprador en EE.UU. que busca proveedores nacionales, hay otro que prefiere productos chinos.”
Dilema político: el difícil equilibrio entre la repatriación industrial y la transición eléctrica
Existe un conflicto irreconciliable entre los objetivos políticos del gobierno de EE.UU. y las necesidades reales de la industria automotriz.
Global Times mencionó que Zhang Xiang señaló que el gobierno estadounidense defiende la repatriación industrial, pero si se siguen sus exigencias, Ford solo podrá producir vehículos a combustión, lo que llevaría a una continua caída en la demanda y una pérdida de cuota de mercado.
Medios informan que para Ford, esta respuesta pública al secretario de Transporte no solo es una defensa de sus decisiones comerciales, sino también una declaración pública sobre las dificultades reales que enfrenta la industria automotriz estadounidense en la transición hacia la electrificación.
Los análisis coinciden en que ante el declive del mercado de autos a combustión y las barreras tecnológicas de la electrificación, aún es incierto si los fabricantes estadounidenses podrán hallar una vía que cumpla tanto con las exigencias políticas como con la competitividad de mercado.
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