El juego centenario entre el Tesoro y la Reserva Federal de EE. UU.: un repaso histórico y proyección de tendencias hacia 2026
Informe de Huitong, 1 de septiembre—— Un repaso histórico al siglo de contrapesos entre el Tesoro y la Reserva Federal de EE. UU., desglosando la lógica de cobertura de políticas para 2026 y la posible dirección de la economía futura
En el tablero contemporáneo de la macroeconomía, la ambición fiscal del gobierno y el rigor monetario del banco central han sido siempre rivales forzados a coexistir con objetivos contrapuestos.
Por un lado, el gobierno busca estimular el crecimiento a través de políticas fiscales para cumplir promesas políticas; por el otro, la Reserva Federal debe mantener la independencia, aferrándose a la línea roja de la inflación y la credibilidad monetaria.
A lo largo del último siglo en la historia económica de Estados Unidos, el tira y afloja de poder entre el Tesoro y la Reserva Federal ha sido el ejemplo más dramático de esta lucha.
Desde el feroz enfrentamiento y el establecimiento de la independencia del banco central tras la Segunda Guerra Mundial con el “Acuerdo de 1951”, pasando por el intervencionismo tras bambalinas de diversos presidentes por cuestiones electorales, hasta el choque actual entre la “flexibilización fantasma” de plazos cortos-largos y la postura agresiva de tasas altas: este pulso no ha dejado de evolucionar.
Cuando el impulso político se enfrenta con las reglas férreas monetarias, ¿quién realmente tiene el control último sobre la economía estadounidense?
La víspera de la Gran Depresión: el “banquete de Wall Street” de Mellon y el colapso final
En la Wall Street de los años 20, Andrew Mellon, Secretario del Tesoro, era el autócrata económico por excelencia.
Como el tercer hombre más rico del país y titán de varios conglomerados, Mellon no solo presidía la Junta Directiva de la Reserva Federal, sino que también encabezó el Tesoro, controlando al mismo tiempo la recaudación estatal y las válvulas monetarias.
Para maximizar los beneficios de sus propias empresas y las de sus allegados, Mellon desató un agresivo “modelo de intervención estatal”:
Por un lado, impulsó recortes fiscales masivos: el tipo máximo del impuesto sobre la renta pasó del 66% al 24%.
Por otro, forzó a la Reserva Federal a bajar tasas: en 1927, cuando la economía ya estaba recalentada, impuso políticas de tasas bajas con la excusa de “ayudar a Inglaterra a volver al patrón oro”, aunque en realidad inyectó enormes dosis de liquidez en el mercado estadounidense.
Esta “doble relajación” fiscal y monetaria fue la chispa de los excesos de los “locos años veinte”. Inversores e instituciones aprovecharon el apalancamiento para especular en bolsa, y los préstamos a margen en Wall Street se dispararon un 300%.
El momento del colapso (octubre de 1929): Sin independencia, la Reserva Federal se convirtió en rehén de los políticos; solo cuando la burbuja era inmanejable subieron las tasas, pero era demasiado tarde: el “Martes Negro” se apoderó de Wall Street y comenzó la Gran Depresión.
Más surrealista aún fue la respuesta al colapso: Mellon siguió politizando la política monetaria, promoviendo la famosa “teoría de la liquidación”: “Liquidar trabajadores, liquidar acciones, liquidar agricultores, liquidar bienes raíces... así se expulsará la podredumbre del sistema”.
Bajo su control, la Reserva Federal permitió la quiebra de miles de bancos y una contracción monetaria de un tercio sin intervenir.
El índice Dow Jones cayó de 381 puntos en septiembre de 1929 a solo 41,2 puntos en julio de 1932, una pérdida del 89% de todo el mercado.
Esta tragedia llevó al Congreso a comprender: dejar las riendas monetarias en manos de políticos y secretarios del Tesoro puede destruir la economía.
El conflicto interno de la Casa Blanca en 1951: los “gritos rojos” de Truman y la pesadilla inflacionaria de la posguerra
Aunque la Ley Bancaria de 1935 expulsó al Secretario del Tesoro de la Junta de la Reserva Federal, la Segunda Guerra Mundial convirtió de nuevo a la Reserva Federal en la “máquina de imprimir billetes” del Tesoro.
Para financiar la guerra, la Reserva Federal prometió mantener las tasas de los bonos a largo plazo en el 2,5%, lo que suponía que debía comprar toda la deuda que emitiera el Tesoro.
Tras la guerra, el levantamiento del control de precios y la demanda postergada desataron el consumo, y la Guerra de Corea sumó una ola de compras global, llevando la inflación estadounidense al 21% a principios de 1951.
El drama y las maniobras de la Casa Blanca: El entonces presidente de la Reserva Federal, Thomas McCabe, pidió el fin de las compras de bonos y subas de tasas contra la inflación, enfureciendo al presidente Truman.
Para mantener bajos los costes de deuda gubernamental, Truman recurrió a maniobras administrativas extremas:
El “caso de la puerta de la Casa Blanca”: Truman convocó al pleno del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) a la Casa Blanca.
Al terminar la reunión, la Casa Blanca emitió un comunicado diciendo falsamente: “La Reserva Federal ha prometido al presidente seguir apoyando la deuda a tasas bajas”.
Desmentido público y traiciones: Ante el apriete de la Casa Blanca, estalló la Reserva Federal.
El FOMC publicó las actas ante el Congreso, dejando en evidencia a Truman y desbaratando la farsa presidencial.
Truman, furioso, tachó de “traidores” a los funcionarios de la Reserva Federal en cartas privadas.
El nacimiento del “Acuerdo Tesoro-Reserva Federal” de 1951: para evitar la ruina de ambos bandos, William McChesney Martin, subsecretario del Tesoro, intervino y se alcanzó un acuerdo en marzo de 1951:
La Reserva Federal dejó de fijar al 2,5% las tasas de los bonos;
La Reserva Federal recuperó la independencia de sus decisiones monetarias y dejó de absorber la deuda del Tesoro a toda costa.
Truman forzó la renuncia de McCabe y nombró a Martin como nuevo presidente de la Reserva Federal.
Sin embargo, para sorpresa de Truman, Martin demostró una férrea independencia profesional.
Martin acuñó la célebre frase: “La función de un banco central es retirar el bol de ponche justo cuando la fiesta se pone buena”. El Acuerdo de 1951 sentó así la moderna independencia de la Reserva Federal.
Análisis comparativo: la esencia del “apalancamiento corto-compras largas” de 2026
En perspectiva histórica, el enfrentamiento de agosto de 2026 entre la secretaria del Tesoro Bessent y el presidente de la Reserva Federal Walsh es una reedición implícita del “modelo de 1951” en la era de la ingeniería financiera.
Evolución táctica (“flexibilización fantasma”): A diferencia de Truman, Bessent no ordenó recortes directos de tasas sino que usó la hoja de balance del Tesoro—recortando la emisión de bonos a largo plazo y expandiendo masivamente la de letras del Tesoro (T-Bills) a corto plazo.
Esta estrategia de “apalancamiento corto-compras largas” artificialmente suprime las tasas de largo plazo en el mercado sin requerir acuerdo de la Reserva Federal, constituyendo una “política monetaria en la sombra” para eludir límites legales.
La contraofensiva de la Reserva Federal: En su discurso de Jackson Hole, el presidente Walsh advirtió abiertamente al Tesoro: “Si regás de liquidez por el frente fiscal, sostendré las tasas de política alta en el extremo final”.
Evaluación breve: La intervención de 2026 ya no es un secuestro administrativo descarnado, sino un sofisticado juego de cobertura de política.
El Tesoro impulsa el crecimiento a corto plazo con deuda corta, la Reserva Federal defiende la contención inflacionaria con tasas altas a largo plazo; este “pie en el acelerador y pie en el freno” simultáneo aumenta significativamente los costos de fricción macroeconómica del mercado.
Proyección lineal: ¿hacia dónde se dirige el desenlace de este siglo de pulseada?
Mientras el Tesoro siga “expandiendo a corto plazo” y la Reserva Federal mantenga su “lucha antiinflacionaria”, el ángulo de sus políticas generará curvas de rendimientos seriamente invertidas o anómalamente empinadas.
Esto abrirá grandes oportunidades de arbitraje para quienes exploten la “liquidez fiscal” y las “altas tasas del banco central”; la volatilidad de los activos (sobre todo en acciones y oro estadounidenses) crecerá considerablemente.
La independencia de la Reserva Federal ya ha sucumbido en varias ocasiones históricas ante la presión de pagos e intereses de la deuda pública. Si la deuda sigue creciendo, las tasas altas dispararán el gasto por intereses del gobierno (por encima de defensa incluso).
La proyección indica que la Reserva Federal acabará de nuevo cediendo, debiendo elegir entre “permitir un mayor nivel de inflación” o “evitar el riesgo de default fiscal”, pasando de la independencia absoluta a una coordinación tácita.
Por último, igual que la Ley Bancaria de 1935 y el Acuerdo de 1951 surgieron en medio de crisis, la cobertura actual entre política fiscal y monetaria es insostenible. La predicción final es una “reestructuración de políticas”: el Congreso podría aprobar nuevas leyes, redefiniendo el marco legal que delimita el manejo de la liquidez en el mercado de deuda pública entre el Tesoro y la Reserva Federal—la Reserva Federal podría obtener poder de veto implícito sobre la estructura de vencimientos de la deuda que emite el Tesoro, a cambio de ceder en la meta de inflación (por ejemplo, subiendo al 3%).
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